EL MISTERIO DEL MUNDO – Jerónimo Pimentel

El misterio del mundo es un océano escondido en tu boca.
Semillas cayendo al mar y anzuelos en vasos de agua.
Una tripulación atenta, un capitán recogiendo versos como náufragos
en las costas de Samoa.
Portsmouth, el cierzo acaricia tu lengua.
Ron en los labios, brújulas apuntando a cuadrantes helados.
Naves cuyo destino es un puerto perdido.
Y luego regresar.
Nantucket al acostarte, el mar licúa tus sueños.
Una cubeta, una noche ahogándose en las costas de Lima.
Los peces se escurren de las manos.
Criptogramas descifrados por nuestra saliva.
Sílabas tartamudas para baldear la cubierta.
Las nubes enceguecen tus pensamientos.
Imágenes asmáticas retumbando junto al murmullo de la lluvia.
Geometría líquida.
Escotillas y catalejos; riendas sueltas, velas hinchadas.
Una ilusión de terror, una certeza de camarotes vacíos.
Linternas bailando en la cabina.
Y de pronto el silencio.
La gran ballena, ahí.
En este mar sucumbiremos.

Campidoglio – Jorge Eduardo Eielson

Usted no sabe cuánto pesa
un corazón solitario
hay noches en que la lana oscura
la lana tibia que me protege
llega hasta el cielo
y mientras duermo mientras respiro
mientras sollozo
se me derrama la leche hirviendo
sobre la cara
y entonces una máscara magnífica
con la sonrisa del rey de espadas
cubre mi llanto
y todo eso no es nada todavía
usted no me creerá
pero luchar luchar luchar
todas las noches con un tigre
hasta convertirlo en una magnolia
y despertarse
despertarse todavía y no sentirse
aún cansado y rehacer aún
raya por raya el mismo tigre odiado
sin olvidar los ojos los intestinos
ni la respiración hedionda
todo eso para mí
es mucho más fácil mucho más suave
créame usted
que arrastrar todos los días
el peso de un corazón desolado

Carta de Javier Heraud por el Día de la madre

Javier Heraud Cuba

Queridísima Madre:

Mamá: podría mentirte si te digo: hoy estoy contento. No, no es cierto. ¿Por qué? Pues hoy es el día de la madre y no estoy junto a ti; hoy es el día de la madre y no sucede como en 19 años anteriores: corriendo a tu cama con algún regalo para darte, o un beso, o un corazón pegado en cartulina. Por otro lado, mi tristeza aumenta al  no tener noticias. ¡Hace justo un mes y medio que salí de casa y sin una carta tuya! Nada, absolutamente nada sé de Uds., ni cómo están, ni qué hacen, ni qué pasa por allá.

Esta carta te llegará retrasada. No he podido escribirte antes: esperaba carta tuya, tenía la certeza de que me llegaría antes de hoy y no ha sido así. Por eso he querido esperar hasta hoy, segundo domingo de mayo, para envolver, para poner en un papel todo mi corazón de hijo agradecido, todo mi corazón anhelante de cariño, y enviártelo en este día que está lleno de recuerdos infantiles y hogareños para mí. En este momento en la radio tocan música de Listz y me invade una melancolía especial. ¡Mi casa, mi familia, todo un orgullo pasado y futuro!

A las 7 y media las muchachas que cocinan en la casa, mientras tomábamos desayuno, repartieron una rosa roja a todos los muchachos que tienen madre. ¡Si supieras con qué orgullo recibí la mía y en ese momento leía un editorial de un periódico sobre el día de la madre, un hermoso editorial, y yo tuve que hacer inmensos esfuerzos para que no se dieran cuenta que lloraba, sí: interna y externamente! Mamá, ¿qué pasa, por qué no me escriben, por qué no recibo noticias de Uds.? Escríbeme directamente, pon mi dirección en un sobre y mándamela directamente a Cuba, yo me siento aquí maravillosamente: estoy como en mi patria, ¡aquí todo es tan hermoso! No sabes cuánto agradezco ser hijo tuyo, ser miembro de una familia como la mía, tener un padre así y tales hermanos, y mi mamama tan sabia, y todos en general.

Como comprenderás, mi preocupación constante es por Uds.; yo no sé cómo están. ¿Y Gustavito? Si supieras cómo pienso en él, mi pequeño hermano. Escríbeme a diario y  directamente, si te cansas, que me escriban todos mis hermanos, todos los días; que cada uno me cuente qué hace, a mi papá dile que lo quiero más que nunca, que tengo deseos de escribirle, pero sin carta de Uds. no sé sobre qué escribirles. Ya sabes, que cada uno de ellos me escriba a diario, hasta el Gustavito. Envíenme sus cartas directamente a Cuba, que creo que llegan así. Yo estoy maravillosamente. Llevo una vida ordenada: me levanto a las 7, me baño, tiendo mi cama, tomo desayuno, voy a la Universidad, almuerzo a las 12 y media, descanso una hora, leo, si tengo clases las tardes (casi no tengo) voy a la U., o al cine, o paseo y tomo un refresco, voy al teatro y me acuesto a las 11 ó 12. Es una vida tranquila. Mis estudios de cine no sé cómo hacerlos, por el momento estudio literatura, aunque creo que el mes que viene comenzaré a practicar en el Instituto de Cine. Mi salud es perfecta, los dientes me fastidian un poco pero pronto iré al dentista. La asistencia médica es gratuita, las cartas nos las mandan gratis, nos dan 30 pesos (dólares) mensuales que más alcanzan de sobra. Madre, mamá, con todo el corazón de hijo agradecido te saludo y beso en tu día, a ti, a tu madre, mi mamama, y a la madre de mi papá.

Escríbeme, escríbanme todos y pronto. Te besa mil veces Javier.

P.S. Mi dirección aquí es: Javier Heraud. Calle 30, № 965. Entre 26 y 47, Altura del Vedado,

La Habana — CUBA.

 

vía Carta de Javier Heraud por el Día de la madre | Copy paste ilustrado.

primera muerte de maría – j. e. eielson

A pesar de sus cabellos opacos, de su misteriosa delgadez,
de su tristeza áurea y definitiva como la mía,
yo adoraba a mi esposa,
alta y silenciosa como una columna de humo.

Cuando la conocí, María vivía en un barrio pobre, cubierto de deslumbrantes y altísimos planetas, atravesado de silbidos, de extrañas pestilencias y de perros hambrientos.
Humedecido por las lágrimas de María, todo el barrio se hundía irremediablemente en un rocío incontenible.

María besaba los muros de las callejuelas y toda la ciudad
temblaba de un violento amor a Dios.
María era fea; su saliva, sagrada.
Sigue leyendo