¿SEREMOS NOSOTROS A QUIENES VE RAMOS ROSA? – Eduardo Chirinos

En PRACA DE DIU, a pocas calles del Monasterio de los Jerónimos (donde dicen que descansa Pessoa y Compañía) se yergue, adusta y majestuosa, la Residencia Faria Mantero. Los árboles ofrecen su sombra a quienes desean protegerse del calor veraniego, su luz a quienes desean oír su lento y vago rumor. Los árboles, además, disimulan la adustez del muro que rodea la Residencia y ofrecen una sensación de tranquilidad que apacigua a los visitantes con su atmósfera de hojas. Allí en una de sus habitaciones, vive Antonio Ramos Rosa, el mayor de los poetas portugueses vivos.

La mañana del 26 de Julio de 2003, Jannine y yo fuimos a visitarlo. Nos llevo desde Lisboa la poeta Isabel Aguiar, quien desde hace un tiempo se encarga de transcribir de noche los poemas que Ramos Rosa escribe de día. Porque a sus casi ochenta años, Ramos Rosa es un poeta en plena actividad: en su voluntario retiro lee, escribe y dibuja sin mas estorbo que el cansancio o el sueño, si que es su capacidad creadora conoce el significado de esas palabras. En el trayecto a la Residencia, Isabel nos advirtió que su humor era muy variable y que, dependiendo de su estado de animo, podría o no recibirnos.

Nosotros, naturalmente, preferimos correr el riesgo. Así, mientras el tren avanzaba por la línea costera, pudimos recomponer con algunos retazos la leyenda de Ramos Rosa: que decidido recluirse un sanatorio para huir del mundanal ruido; que no dejaba que nadie, ni siquiera su mujer lo visitara; que se hacia atender por muchachas jóvenes y hermosas a las que llamaba sus musas; que escribía diariamente nueve o diez poemas maravillosos que mostraba a pocas personas y que eran la codicia de lo editores. Salvo esto ultimo nada era verdad. O eran verdades a medias, de esas que convienen a la imagen de un poeta que siempre estuvo mas allá de la necesidad de inventarse una imagen.

A NOITE CHEGA COM TODOS OS SEUS REBANHOS

Uma cidade amadurece nas vertentes do crepúsculo
Há um íman que nos atrai para o interior da montanha.
Os navios deslizam nos estuários do vento.
Alguma coisa ascende de uma região negra.
Alguém escreve sobre os espelhos da sombra.
A passageira da noite vacila como um ser silencioso.
O último pássaro calou-se.As estrelas acenderam-se.
As ondas adormeceram com as cores e as imagens.
As portas subterrâneas têm perfumes silvestres.
Que sedosa e fluida é a água desta noite!
Dir-se-ia que as pedras entendem os meus passos.
Alguém me habita como uma árvore ou um planeta.
Estou perto e estou longe no coração do mundo.

de A Rosa Esquerda(1991)

Luego de una conferencia privada que se prolongo diez minutos, Isabel nos dijo que podíamos pasar a su habitación. Ramos Rosa no era como me lo había imaginado. No quiero decir que no se pareciera a sus poemas ( en lo mas hondo todo poeta se parece a sus poemas ), quiero decir que me basto verlo que a partir de entonces su voz y su mirada iban a acompañarme cada vez que regresara a sus poemas. Y es que se hombre tan parecido a un gnomo quien fuera también un fauno, encorvado por la escoliosis, de barba rala y abundantes cabellos blancos, tenían lo que algunos llaman “mirada de poeta”. Pocas veces he visto en alguien una mirada tan intensa y tan llena de sabiduría y bondad como la de Ramos Rosa. Ella fue la sola credencial que nos hizo sentir cómodos en su desordenada habitación llena de libros, revistas, papeles a medio escribir y dibujos que tenia desperdigados por todas partes, incluyendo la cama, el piso y los muebles que tuvimos que despejar para tomar asiento.

Al saber que éramos peruanos, nos habló en ese español dulce que hablan los portugueses, e hizo que Isabel tradujera para nosotros algunos poemas que acababa de escribir y que pertenecían a un ciclo nuevo de poesía amorosa. Solo entonces me atreví a pedirle que leyera en voz alta uno los poemas (mi preferido) de ciclo do cavalo que reproduzco en la versión española de Carlos Pámpano:

Siento la perfección de un cuerpo,
El miedo roza levemente sus ojos.
¿ Seré yo quien tu ves ?
¿ Quien otro día me abrazo no es ya quien me abraza ?

Siento el no y el sí — la inflexión de la noche.
Vivo en la superficie de un cuerpo negro y hondo.
El abrazo es real,
lo que escribo, temblor.

Por qué todo es tan breve y tan largo, no lo sé.
Tengo los ojos cerrados de abiertos de ternura.
Gozo un poco la paz de una noche vivida.

Luego hablo de poesía norteamericana y, como quien no quiere la cosa, me dijo en aire de secreto: “Las musas son solo un alibi , nunca olvide que el verdadero referente esta en los poemas”. Yo sonreí en portugués y recordé esa frase de Rene Char que a Ramos Rosa le gusta tanto repetir: “ El amor es el deseo del amor que permanece cono deseo”. Me reconcilio con la vida ver a ese hombre que se acercaba a la edad en que la mayoría prefiere retirarse a solas con sus recuerdos, esa fatalidad que lo hacia cada vez mas vivo y mas deseoso de amar el amor como un acto supremo de libertad. ¿ Que podía importarle no recibir nada a cambio ? “ La poesía — ha declarado alguna vez Ramos Rosa — nada me ha dado, por que el poeta no tiene nada que la poesía puede darle, aunque todo lo que escriba sea fruto de un don que lo hace poeta. Por eso la poesía que escribo es una actualización de las posibilidades inherentes a la colmena del ser”.

LO QUE TU LEES

Lo que tú lees son visibles cicatrices
De un cuerpo ausente flagelado
Por fortuitos dardos por saetas solitarias
Si existe una pupila que mira en la palabra
Lo que ella ve es el olor de su propio horizonte

Si alguien camina en el poema
Sobre fresca hierba no pisada
Es porque el fuego se separó del agua
Cuando la serpiente de los nombres surgió del fondo azul
Y desapareció al ser acariciada
Tras emitir su silbido salvaje

Lo que estremece en el poema es su ausencia
O el espacio donde desaparece
Y si cruza la noche ignorándola
Es porque su boca oscura lo ha incendiado
De Lámparas con algunos insectos, de Antonio Ramos Rosa

Antes de retirarnos de la Residencia, Ramos Rosa tomo una cartulina blanca, una pluma de tinta negra y nos dijo que por favor lo esperáramos. Con trazo seguro dibujo un rostro de mujer (aprendido tal vez en el modelo de Agripina, la mujer de O teu rostro) y nos lo obsequio con una dedicatoria. Cuando le preguntamos porque esa mujer tenia un solo ojo, nos dijo con traviesa seriedad: “ ¿Para qué necesita otro si ese ya me ha visto? “.

Eduardo Chirinos (Tomado de “Los Largos oficios Inservibles”)

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