¡Batallón, firmes!

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Por Martín Zúñiga

Desde que tengo memoria, aunque aún no usaba del todo bien mi razón, en el mes de julio y como a casi todos los niños y jóvenes del país, me han hecho participar en el desfile por el mes patrio en el batallón, de brigadier, escolta o brigadier general indistintamente, bajo las órdenes de un severo militar o instructor que nos decía levanta más la pierna, los brazos rectos, gallardía, demuestren su amor a la patria.

¿Esto es, en suma, amar a la patria? ¿Marchar frente a un estrado donde están bien sentadas las principales autoridades de la localidad o del país, en una muestra de que podemos ser sujetos útiles a la patria?

Constantemente veo en programas de televisión que se le pregunta a los jóvenes y no tan jóvenes sobre algunas fotografías de héroes patrios y personajes relevantes de la historia nacional y sin vergüenza alguna muchos contestaban sandez y media (al menos si no estoy seguro o de plano no sé, pues digo eso, y no confundo a Haya de la Torre con Hitler, aunque su parecido tenían), mostrando de manera fehaciente que de historia del Perú el promedio de la juventud no sabe nada. ¿Cuántos incas gobernaron el antiguo Perú? Sí, 14, según el libro oficial aprobado por el Ministerio de Educación. Según una historiadora como María Rostorowsky fueron muchos más. Pero aquí no nos vamos a poner a discutir los contenidos curriculares, sino esta costumbre castrense de ponernos todos a marchar, como si así se demostrara que quiero más a mi país.

Pertenecer a un grupo humano determinado, a una nación, debe ser en primer lugar, ser participe en las acciones que este grupo lleven a cabo y el conocimiento del mismo. Una nación, como la concebimos en nuestra época, es el grupo humano definido por un territorio geográfico, que comparten una historia en común, costumbres, creencias y antepasados comunes (aunque lo étnico, relevante hasta no hace mucho, ha sido cuestionada hasta el punto de ser excomulgado del concepto de nación) cuya reunión de singularidades crean la comunidad. Si se desconoce todo esto, si es que el sujeto que pertenece a este grupo humano no es consciente de todas estas características y las hace propia, no se podrá identificar con este conjunto. Ya se sabe: no se puede amar lo que no se conoce.

Decía una canción de los años 70 llamada Botas locas: “Amar a la patria bien nos exigieron, si eso es la patria yo soy extranjero.” Sudar la gota gorda bajo el radiante sol arequipeño, practicando durante días, invirtiendo varias horas en vez de saber qué es mi país y quienes son mis antepasados y porque se honra a los héroes patrios, debe ser cosa de locos. No olvidemos que los libertadores de nuestra patria antes que soldados, fueron hombres ilustrados, lectores, pensadores, gente con ideas que vio que solo a través de un acción militar se podría expulsar al poder realista del continente. Pero primero fueron las ideas. Sin ideas, un hombre, cualquier hombre, es un vacío sin sentido. Terminemos de una buena vez con esta locura de que marchar es amar a la patria y pongámonos a estudiar.

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