Cómo florece una ciudad

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La ciudad, la polis, fue pensada siempre como un lugar de reunión de personas, de ciudadanos, para intercambiar comercio y conocimientos. Un lugar donde la humanidad debe florecer, prosperar y llegar a hacer de todos sus integrantes, hombres libres y realizados. Es nuestras ciudades por un lado están las autoridades (que, no hay que negarlo, en lo que más piensan son en sus fines electoreros) y por otro lado, los ciudadanos. ¿No deberían estar ambos del mismo lado trabajando juntos?

Pues no siempre es así. Manejar una ciudad no es tarea fácil. Es no solo organizar y velar por espacios públicos y de uso compartido, por los servicios básicos, seguridad, cuidando que la ciudad se desarrolle de manera integral, física, psíquica y espiritualmente, como una persona, sino también es crear las sinergias entre organizaciones civiles, públicas y privadas para que todo esto se concrete.

Para esto las municipalidades comparten funciones con gobiernos regionales, ministerios, etc. Por ejemplo, el tema de la cultura, que es un tema transversal que tiene que ser gestionado desde el Ministerio de Cultura, siguiendo en cada región además las políticas públicas que deben partir desde los gobiernos regionales (en sus estatutos de formación está que todo gobierno regional debe diseñar e implementar políticas propias en este y otros temas para potencializar y aprovechar las ventajas de la descentralización) y que deben verse reflejadas en la acción particular de los municipios tanto provinciales como locales (en la ley orgánica de municipalidades, en el artículo 82 estipula que estas deberán de organizar y sostener centros culturales, bibliotecas, teatros y talleres de arte en provincias, distritos y centros poblados, además de promover actividades culturales diversas).

¿Qué sucede, entonces, en las ciudades del sur del Perú, donde la mayoría de actividades culturales se realizan por parte de terceros y gestionadas a su libre devenir, sin ningún apoyo de los estamentos públicos? Al parecer las autoridades no están bien enteradas del 

trabajo que deben realizar e

n muchos ámbitos y es por ello que desde los municipios o desde los gobiernos regionales no nacen propuestas realmente efectivas ni en lo que se refiere a políticas públicasni a lo que se refiere a la promoción de la cultura.

En muchos casos la mayor inversión que se realiza en estos ámbitos son en actividades como reinados de belleza (no hay que negar que celebrar lo estético es algo muy culturoso, pero no lo debería ser todo) o en conciertos que aglomeran multitudes de espectadores al rededor de una música fácil y que muchas veces recrea y transmite ideologías machistas u ofensivas.

Hay ejemplos exitosos en todo el mundo sobre gestión cultural pública eficiente y efectiva, es cuestión de que solo nuestros gobernantes de turno puedan abrir un poco los ojos y ver al vecino y aprender lo bueno para mejorar la propia casa.

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