Arequipa, la ciudad acéfala

El Ateneo

Como si se tratara de una luciérnaga, las ciudades bien constituidas de día laboran y de noche brillan. Son como organismos vivos, que tienen que desarrollarse de manera integral, no solo físicamente. Pero como si de una mantis religiosa que acaba de copular y perder la cabeza, las ciudades en el Perú tienen una larga tradición de estar en crisis constante, a punto de fenecer, de incendiarse, de caer en la anarquía y la ruina.
Son organismos vivos que al parecer no tienen quién las dirija. Las autoridades públicas están año tras año solamente resolviendo problemas del día a día, del corto plazo, una calle que falta asfaltar o cuyo asfalto necesita mantenimiento (porque la asfaltaron mal antes), una obra pública por aquí o por allá, poner jardines, flores (ni siquiera árboles), cumplir con el calendario cívico, pero sin una gestión a largo plazo, sin políticas públicas que lleven a algún lugar. Es decir, se ocupan un poco del cuerpo de este organismo vivo, que de vida no tiene nada, que está por dentro muriendo.
Un caso patético, por ejemplo, es el que sucede en la ciudad con la Biblioteca Municipal, conocida con el nombre de “El Ateneo”, que en otro tiempo fue un foco de saber de la ciudad, cuyo último director ilustre fue el recientemente homenajeado José Ruiz Rosas. Si “Don Pepe”, como le dicen de cariño al vate, viera el estado en el que se encuentra la institución que por años dirigió, moriría de la pena y la indignación. Es que no solo se ha convertido al edificio en oficinas improvisadas de cuanto programa “social” tiene la municipalidad provincial (como por ejemplo el famoso vaso de leche), sino que se ha ido con el tiempo arrimando a un pequeño rincón a los libros, los cuales hace años no son renovados sino es sólo a través de donaciones que instituciones caritativas se acercan a dar a la municipalidad y por ende a la ciudad.
Para colmo de males, no tiene un director, sino una persona encargada que no gestiona el espacio público, entendido gestión como desarrollar, a través del buen gobierno, dirección y organización, las capacidades para que pueda lograr los mejores objetivos trazados (en este caso, al tratarse de la biblioteca pública municipal, debería de poder influir en su entorno inmediato, así como en la comunidad con acciones de incidencia directa como la promoción de la lectura en los jóvenes, además de ser el custodio de la memoria bibliográfica de la ciudad), pero, por último, ni siquiera existe desde la institución dichos objetivos.
Sirva esto para tomar el pulso a la gestión de la ciudad. Si un tema tan importante y relevante como la biblioteca pública esta dejado en el olvido y el abandono, no queda más que pensar que todas los demás temas están peor. Toda una gestión municipal perdida, tiempo ido que no se podrá recuperar.

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