Relato mesopotámico del diluvio

En cuanto apareció la aurora, subió un negro nubarrón desde el fondo del cielo. Adad tronaba en su seno. Sulat y Hanús iban delante de él. Nergal arrancó las barras de las esclusas; Ninurta lo acompañaba derribando los diques. Los Annunaqui levantaron sus antorchas, incendiando la tierra con sus resplandores. La cólera de Adad alcanzó hasta los cielos, cambiando en tiniebla lo que era luz… Durante todo un día sopló la tormenta. Soplaba veloz, sumergiendo las montañas, abatiéndose sobre los hombres como una batalla: nadie veía ya a su hermano, nadie reconocía a nadie ya bajo los cielos. Los dioses quedaronaterrados por el Diluvio. Huyeron, y subieron hasta el cielo de Anú. Los dioses, acurrucados como perros, se agazaparon contra el muro de circunvalación. Istar gritaba como una mujer en dolores de parto; la Señora de los dioses, de bella voz, clamaba: “¡Ay! ¡En lodo se han transformadolos días de antaño!”

Tableta 11, 96-118

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s