Las bibliotecas y los niños

Por Martín Zúñiga

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Pasear por las instituciones educativas públicas de la región de Arequipa la mayoría de las veces es una aventura surrealista: muchas de ellas tienen infraestructura precaria, con carpetas que están todas malogradas y en cuyos asientos y mesas se nota el paso de los años, con aulas que se caen a pedazos en muchos lugares o, si los padres de familia se han podido organizar, con el tiempo han podido construir nuevas infraestructuras. En algunos casos, se nota de manera palpable como el Gobierno regional ha intervenido construyendo infraestructura, es cierto. Pero quizá lo más grave y preocupante es conversar con los niños de estos colegios, no solo en Arequipa ciudad, sino también en las diferentes provincias y preguntarles sobre sus lecturas.

La gran respuesta por lo general es un silencio que linda con la desesperación. Alguna que otra voz solitaria se alza entre el mar de miradas perdidas y a veces avergonzadas porque no leen más que los libros que les dejan en el aula, y contestan que sí, que efectivamente ellos, unos cuantos, pequeños oasis en un desierto agreste, leen. Y afirman esto con una seguridad y felicidad indescriptibles. Cuando se les pregunta, claro, sí saben para que sirve leer literatura: para aprender cosas nuevas, para divertirse, para tener una mirada crítica del mundo. Y entonces, ¿por qué no leen? Porque no tienen acceso a libros.

En el país la gran falencia de la educación escolar pública es que si bien se trata de invertir en infraestructura –el Ministerio de Educación es una de las entidades que menos ejecución le ha dado a su presupuesto en comparación porcentual con otras instancias del Estado–, no se llena esta infraestructura con contenidos. Con libros. Con lecturas.

Por lo general en los colegios donde hay una biblioteca, esta se levanta gracias a la gestión de la Apafa y de un director y unos profesores comprometidos con la educación de sus hijos. Pero ese es también, como los niños que leen, la excepción a la regla. Gracias a un programa que está desarrollando la Biblioteca regional Mario Vargas Llosa durante el mes de abril y mayo vamos a visitar a medio centenar de colegios de toda la región para hablar con los alumnos sobre la aventura de leer y aprender. En muchos de los colegios que hemos ido se nota que los chicos están prestos a aprender, pero no tienen cómo. El Estado debe implementar no solo con computadoras (que en realidad en muchos sitios están guardados en su cajas “porque sino los niños los malogran”) o con más aulas, lo cual es también importante, sino principalmente con libros. Sin ellos, nuestros niños, se quedarán en la orfandad cultural y no podrán desarrollarse. Es urgente que desde todas las instancias de la sociedad civil trabajemos para ello hoy día, que mañana ya será tarde.

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