g r a c i a – Martín Zúñiga

 

nuestro hombre pasa las noches recostado en su celda,

y no se preocupa de sus obligaciones.

una celda por lo demás transparente.

su hambre mojado y contento, el entrecejo liso.

 

retoma pasadas las semanas su labor.

comenta entre sí sobre la belleza del día,

lo azul que se ha puesto el cielo estos meses.

tiende sus deseos sobre

una música perfumada en el paladar con canela.

su mirada arranca un ramillete de flores,

pasea a la fría orilla del lago entre los sauces

los castaños

los robles

como una antigua novia de drama danés.

deja a su trabajo que repose.

lago que por lo demás se ve desde la celda.

 

la novia canta, ¿qué otra cosa podría hacer?

y con su pesado vestido cae al lago.

la ve a través de sus muchas ocupaciones,

la siente titilar mientras el transforma, trabaja.

novia que canta con sus manecitas de musgo

un intervalo humano demasiado estrecho

entre dos latidos de tigre.

quién le diera una vez más un día siguiente.

 

el hombre se pasa la noche sin poder colocar firme

la bujía de la luz en su angosta celda.

se lo toma con calma, y su tarea en apariencia

abandonada, dejada de lado.


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