Circe a Leucó

CIRCE: Qué dices, Leucó… Odiseo no entendía por qué yo sonreía. A menudo ni siquiera entendía que sonreía. Una vez creía haberle explicado por qué el animal está más cerca de los inmortales que el hombre inteligente y valeroso. El animal que come, que cubre, y no tiene memoria. Me respondió que en su patria lo esperaba un perro, un pobre perro que acaso hubiera muerto, y me dijo su nombre. ¿Entiendes, Leucó?, el perro tenía un nombre.

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