Carta

Adios. Sí, te escribo desde otra ciudad en donde alguna vez fuimos más felices que en ningún lugar del mundo. Si mi estilo es afectado o tal vez poco ordenado es que en realidad te escribo con el corazón en la mano. Te escribo para despedirme, para decirte que me quedaré aquí, que no pienso volver al lado de mi familia y sé bien que nadie entenderá mi decisión. Sufró por no estar cerca a quienes quiero tanto pero las cosas nunca funcionarían como realmente quisiera. No me voy a extender porque aquí no hay ninguna vuelta de tuerca que dar al asunto, es simplemente decirte adiós porque me voy a suicidar. Sé que a estas alturas del partido suicidarse es un acto casi indigno, pero más indigno sería vivir sabiendo que primero, más tarde o temprano te vas a morir y segundo, que hasta que te mueras no vas a poder hacer otra cosa digna. Ya escribí lo que tenía que escribir y era lo que me mantenía vivo. Ahora ya no me queda que decir. Si vuelvo a juntar palabras -y perdona que se justo a ti a quien vaya a enviar esta última carta- o me repetire o haré puras cojudeces. Ya tuve un hijo, ya tuve una gran mujer en mi vida, planté algunos árboles y me siento el tipo más solo del mundo. Los libros pensé que como a Bryce o a Ribeyro me harían querido, requerido. Pero no. Me han proporcionado algunos grandes amigos pero en este momento que necesito un beso, un abrazo -como decía el fumón de Vallejo, he dado por sobre el hombro la vuelta al rostro y nunca como hoy me he visto tan sólo. Que te quería y que te quiero, sabedlo, es cierto. Y aunque como tu hace rato abrás supuesto, porque los suicidas escribimos notas de suicidio solo para decir que no nos vamos a suicidar y si sobre escribir, igual, nos suicidamos, es casi por accidente o porque se ha encontrado el valor suficiente. Valor que, como tú bien sabes, no tengo. Valor que de un modo u otro, no te preocupes, más temprano que tarde podré ubicar. Drogas, sexo, alcohol me ayudarán, o tal vez el constante sentimiento de saberte lejos. Al otro lado del sol. De un modo u otro encontraré el valor, eso tenlo también por seguro. No quiero terminar de escribir esta carta porque eso significaría tener que comenzar a hacer otra cosa, y eso me da una pereza infinita. O miedo. Miedo de tener que comenzar a encontrar ese valor. Pero igual, adiós,

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