aprehender
Decía el viejo griego que aprender es imitar. Pero aprender es ante todo crearse recuerdos. Ir llenando de información el cerebro. Ir construyendo una memoria. En este sentido memoria tiene el sentido de imitación, de replica de la realidad. Aunque el otro griego decía que en realidad cada vez que aprendemos algo, lo recordamos porque ya lo sabiamos, como si la memoria hubiese estado ahí, escondida como un jaguar al acecho y de pronto, da el zarpaso y haber si nos coje y confesados.
Pero cuando uno recuerda, qué es realmente lo que visita? Porque uno nunca visita la realidad que pasó, sino el segmento de realidad archivado y sobre el cual vamos construyendo el resto. Es lo sucio y a la vez lo bello de la memoria: el que a cada revisita esta crece, se rehace. Había un poema que hablaba sobre las primeras veces y decía que el amor era siempre comenzar y nunca detenerse. Así también la memoria es un lugar que cada vez que es visitado es nuevo, y no tiene fin ni finalidad.
No es el olvido lo hermoso, sino el incesante movimiento de la memoria. No el lago en calma, sino la furia del mar.
Y cuando recordamos, lo que nos viene a la mente no son palabras, sino un lenguaje más sutil hecho de colores, sabores, texturas. Es un sin fin de posibilidades. Porque el segmento de memoria que visitamos es en todo igual a lo sucedido sólo que sucede de nuevo. Y como todo hecho, no es una coordenada de espacio, tiempo y masa, sino en esencia, una posibilidad.
Por eso me da pena la gente que recuerda con pelos y señales y se pierde el verdadero placer de recordar.
y desde entonces
desde que soy un sujeto desconocido, lo cual a pesar de todo me ha costado bastante trabajo, nadie me llama, nadie me invita a ningun sitio y nadie se preocupa si me dio gripe porcina o si aun estoy en esta u otra ciudad. desde entonces mi vida se ha hecho pacìfica, y porque no, un poco aburrida. pero por sobre todo no me lamento ya de hacer ningun papelòn, sea en vivo o grabado en tecnicolor, ni por supuesto de que la gente vaya comentadno delante de mis ocasionales amigos “ahi va el amigo del tipo ese que hizo aquello otro que te decia” haciendo incomodar asi a medio mundo. mi anonimato tiene todas las caracteristicas de un apostolado sobre la vida santa y monacal, sobre el buen decoro, el respeto y los altos valores morales. ahora que nadie sabe quien soy, puedo ser lo que quiero ser cuando quiero serlo donde quiera. aunque a veces no sirva de mucho.
Las palabras recurrentes
incluso cuando pensaba que podia dejarlo, que no importaria, regresaba la tentación de hacerlo una vez más. aun cuando decía que ya no era necesario, aparecia. como el vicio del alcoholico o del cocainoamno. o como fumar cigarros. las palabras se me trasegaban entre los dedos y no habia quien me sacara la idea de que era necesario, aun cuando lo que volvía a juntar era siempre lo mismo, hilado con el mismo telón de fondo. como bordar el mismo corte de tela de segunda una y otra vez. y para qué. qué sentido tenái esta estupidez. ninguna. distracción, eso era todo. mejro callarse, decía, pero igual todo acontecía y la gana te gana. así de simple. pero sin ganas ya, sin emoción, sin buscar algo, sin las precisiones de antaño. una y otra vez lo repito: ni siquiera pasión, sólo ternura. así, llano y material. ni siquiera lúdico y ecuestre. y esto continua…
74. Tampones nasales.
La felicidad no tiene que ver con estados de animos internos. Es una condición exterior, una convivencia dada con el mundo, una forma de realizarse hacia afuera. Depende de cómo lo cambiante de la situación se presente. Lamentablemente, no depende por lo tanto de nosotros llegar a ser felices, y aunque paresca una sentencia fatalista, la verdad es que es una forma humilde y práctica de ver la vida: no te compliques en desear ser algo que no depende de ti del todo. Dejate ser, con facilidad. Así debe de ser más encontrar esa conjunción con el mundo en pleno.
Y si mañana el mundo te cae encima, con sus millones de transtornos y problemas, que chucha!, mándalo a pasear. No le creas a Kafka, entre la guerra entre tú y el mundo siempre debe de ser el mundo el que termine perdiendo, no le prestes atención, que el tampoco te la presta. No depende de uno evitar llegar a ser adulto, eso simplmente sucede. La magia se extravía delante de nosotros. Todos irremediablemente crecemos.
Froterismo institucionalizado
Queria escribir sobre mi persistente a pesar de todo dolor de muelas, sobre los adioses que atraviesan los ojos, los espejos y los cangrejos hasta hacernos llorar, de como hay gente muriendo en este mismo momentos y aprece que nadie, realmente nadie se da cuenta. Queria escribir digo sobre lo injusto que peude verse el mundo a pesar de todo y del dolor de muelas y de cómo es tan aburrido estudiar algo que en algún momento te apasionaba y lo elegante que resulta siendo que tu ex que te odio tanto como te amo, es decir, muchisimo, al final te termina dando una casa, una cama, un hogar y a pesar delodio que le tuviste te das cuenta que es elegante una vida tan bien compartida. Queria hablar de todo eso pero se me acaba el tiempo y el dolor de muelas, otrora buena escusa para fortar mi mejilla en la suya, persiste.
El otro, el mismo.
Esta iba a ser una conversación tranquila sobre el hecho de que amar a veces duele. Sin aspavientos ni pasiones bajas. Ibamos a tratar de resolver el hecho de que ella estuviese comprometida, metida de cabeza en una relación y que a pesar de, nosotros, antiguos conocidos, amigos, ex novios y amantes, nos queriamos y pasabamos las noches juntos mientras que lejos, a lo lejos, a ella la llamaran y la esperaran. Esta iba a ser una simple charla entre viejos conocidos que se fuman un cigarrilo a media noche entre el frío de la plaza central, como en una película de los setenta, sin mucho espacio para la acción y el suspenso. Tal vez algo de drama, pero nada más. Nos gustaba imaginarnos como personajes ajenos de un lente artificial que siguiera nuestros pasos. Nuestra última teoría conjunta sobre las relaciones interpersonales nos llevo a la conclusión de que lo más sabroso, lo más suculento de una relación era el dolor. Pellizcarse de rato en rato para saber si no se estaba soñando. Y de pronto, ella que tanto leía no sé porqué razón, no sé porqué le gustaba tanto zambullirse en esos trastos llamados libros que no sirven para nada más que para perder el tiempo, abrió el libro que cuidaba sobre su regazo y me leyó algo así como: “ella, que tanto me quería, en honra a nuestro amor terminó conmigo y a los pocos meses se comprometió con un casi total desconocido, al menos más desconocido para ella que yo y se mudaron a vivir juntos, se casaron, fundaron una familia. Sólo quizá la ausencia de hijos por parte de ella -él ya tenía los suyos y ya bien creciditos- hacía de aquella fundación un acto largo y continuo. A los meses de todo el ritual nupcial me buscó y sin proponernoslo del todo me convirtió en su amante oficial, con títulos y honores. “Tanto es lo que te quiero”, me dijo hace unos días, “que te salve y así tu no eres el cornudo, sino el otro”. Si cupiese una cajita de fósforos dentro de ella misma, tal vez esta pequeña conversación sería un incendio.
Sueño
No es una lista de sueños como cierto poema (?), texto(?) de Bolaño. No. Es en realidad un resumen de mi sueño de la madrugada. Hablar de mi se me hace tan, pero tan aburrido, que para poder dormir no me queda otra cosa que hablar de mi. Y soñé con Hamlet, creo. O algo de Shakespeare. La cosa es que estaba en San Blas, había tenido una fiesta en la casa de T… (omitamos por ahora nombres) y nos habiamos divertido mucho. Había fotos del delito. A los dos días o al día siguiente entramos en la misma casa y estabamos ensayando con una amiga -no sé bien quien, pero de que era una gran amiga lo era- y en eso llega en novio de la dueña de casa. La dueña de casa se puso supr nerviosa y con la amiga nos sentamos en el primer piso a seguir ensayando nuestros dialogos shakesperianos. En un momento, al ver a la dueña de la casa lavar, planchar, cocinar la amiga me dice -y no recuerdo bien si lo decía en el tono de que: yo fui su novia y por eso me dejo, o yo fui tu novia y no eramos así, o yo fui novia de sutano y no funcionó- pero dijo: yo no sería nunca tan buena ama de casa. Luego nos centramos en ver una foto enmarcada de la fiesta y yo le mostraba y le decía: ahí esta sutano, mengano, fulana y perengano (omitamos nombres otra vez) los amigos de cuando eramos felices. ¿Y ese salsero no tiene tu sombrero?, me pregunta. Pues sí, puede ser que yo sea quien está tomando la foto, aunque yo estaba en la foto también pero alguien faltaba en esa fiesta, y no era la dueña de casa, pero sólo yo puedo tomar fotos así. Como les digo, hablar de mi resulta a veces aburrido. Buenas noches.
Libros
A quien un libro en algún momento no lo haya marcado -para bien o para mal- que tire la primera piedra. Yo también he tenido mis libros. Me acuerdo que el primero que leí con pasión y con el sentimiento de estar cometiendo un delito muy grave fue “No se lo digas a nadie”. Lo leí en las horas de clases en un colegio altamente católico, mientras el profesor o el cura hablaban sobre cosas a las cuales no prestaba atención pero que por las caras de mis compañeros y compañeras de seguro eran soporiferas. Tendría once años y me decomisaron el librito, que no tenía la culpa de nada. Tuve que agenciarmelas para conseguirme otro ejemplar de contrabando y terminar toda la historia. Años después había conseguido una bella edición de la editorial Catedra de “Los Cantos del Maldoror”. Camina yo tranquilo por la calle leyendo el libro sin prestar atención a nada más. Era pleno mediodía y yo me disponía a irme a almorzar cuando de todos lados -en su forma más literal- empezaron a aparecer como espectros silencios varios perros de todo tamaño y color que poco a poco me rodearon como una jauría hambirneta y empezaron a ladrar casi todos al mismo tiempo, al volverse locos y como supondran, a perseguirme. Pero mi sorpresa fue mayor al comprobar que a quien seguían y ladraban no era a mi, sino al libro de Lautremont. Tuve por unos segundos de lucidez el impulso de tirar el libro y escapar de la jauria, pero no, mi locura pudo más y corrí y corrí con todas mis fuerzas hasta llegar a mi casa, abrir la puerta y encerrarme. Todavía durante varios minutos la jauría estuvo rondando mi casa hasta que al final se disperso. Guardo aquel libro -que como supondran, nunca he vuelto a sacar a pasear- como testigo de lo sucedido.
Comienzos 2
Escribir podría ser un placer. Pero por lo general es la forma que se tiene para o matar el tiempo que sobra o para matar el tiempo que hace falta. Cuando a uno le sobra el tiempo, escribir por lo general es un acto desapacionado, racionado y falto de humor, como cartitas de amor dolido y sensiblero de adolescente -que nadie tire la primera piedra- o diarios y bitacoras inocuos. Cuando a uno le falta el tiempo -cosa que nunca llegué a entender del todo- ponerse a escribir, sentarse frente a la pantalla u hoja en blanco, es un acto casi de heroismo. Digo casi, porque el ùnico muerto puede ser uno mismo, que en la cuenta general, es nadie.